
3
Carlo Trevisan, el avvocato Carlo Trevisan, como él prefería que lo llamaran, era hombre de origen modesto, no obstante lo cual, hizo una carrera de lo más brillante. Era natural de Trento, una ciudad próxima a la frontera austríaca y se licenció en derecho por la Universidad de Padua con matrícula de honor y el unánime elogio de sus profesores. Al terminar sus estudios, el joven avvocato entró a trabajar en un bufete de Venecia, donde adquirió gran experiencia en derecho internacional, por ser uno de los pocos hombres de la ciudad que se interesaban por esta materia. Cinco años después abrió su propio despacho y se especializó en derecho mercantil internacional.
En Italia suele ocurrir que una ley que se dicta hoy es revocada mañana. Por otra parte, no es de extrañar que, en un país en el que resulta imposible descifrar el sentido hasta de la noticia periodística más banal, exista cierta confusión respecto al alcance de la ley. La diversidad de interpretaciones posibles crea un clima muy propicio para los abogados que se precian de entender la ley. Entre éstos, el avvocato Carlo Trevisan.
Por ser trabajador y ambicioso, el avvocato Trevisan prosperó. Por haberse casado con la hija de un banquero, entró en contacto, familiar o amistoso, con acaudalados y poderosos empresarios y financieros de la región del Véneto. Su clientela crecía y su cintura se dilataba y, cuando cumplió los cincuenta, el avvocato Trevisan tenía a siete abogados trabajando en su bufete, ninguno de los cuales era socio de la firma. Asistía todos los domingos a misa en Santa María del Giglio, se había distinguido en el servicio a la ciudad desde el consejo municipal en dos legislaturas y tenía dos hijos, chico y chica, ambos inteligentes y guapos.
El martes anterior a la fiesta de la Madonna della Salute, a últimos de noviembre, el avvocato Trevisan se trasladó a Padua, para hacer una visita a Francesco Urbani, un cliente que recientemente había decidido separarse de su esposa, tras veintisiete años de matrimonio. Durante las dos horas que duró la entrevista, Trevisan sugirió a Urbani que sacara del país cierto capital y lo llevara, por ejemplo, a Luxemburgo y que vendiera inmediatamente su participación en las dos fábricas de Verona de las que era socio capitalista y diera el mismo destino al producto de las transacciones.
